Y con el tiempo lo entendí: la magia me hacía volar, pero solo dentro de un cielo dibujado por otros. Un cielo donde cada movimiento mío alteraba el equilibrio, donde la paz era frágil y mi silencio era obligatorio.
pero el precio era mi calma.
Cada día me sentía menos ligero,
más drenado,
más ajeno a mí.
El amor me hacía quedarme, sí, pero en un espacio que se estrechaba con el tiempo. Un espacio lleno de cuidado, pero también de juicio disfrazado de protección. Era estar, pero con condiciones. Ser querido, pero con un manual. Y cada vez que sentía algo fuera del guion… la culpa me abrazaba antes que nadie.
intensas, vivas,
pero también fueron cadenas.
Hermosas, sí.
Llenas de momentos que aún guardo como reliquias,
pero cadenas al fin.
No hay culpa que señalar. Fui yo quien intentó sostener lo imposible. Quien caminó sobre una cuerda floja emocional convencido de que podía mantener el equilibrio.
Quise ser justo con lo que sentía, distribuir el afecto con cuidado, dar espacio sin soltar del todo, proteger sin perder lo que me movía por dentro.
Porque no se puede fragmentar el alma en partes iguales
cuando cada parte pide cosas distintas.
Y en ese intento de balancear lo irreconciliable, terminé cargando más de lo que podía. Terminé siendo menos de lo que era. Me aferré tanto a no perder nada que me fui perdiendo a mí.
Fui moldeando mis palabras, mis decisiones, mis silencios, para no romper nada. Para no ser el que falla. Para seguir siendo el que sostiene.
Pero… ¿y quién me sostenía a mí?
Hoy miro atrás y veo que esas ataduras tenían nombres dulces, pero no eran libertad. Eran miedo disfrazado de promesa, eran ansiedad con nombre propio, eran caminos que ya no eran míos.
pero no sin cicatrices.
Hay días en los que extraño el techo de ese cielo inventado, o la sensación de tener a dónde volver. Pero también hay una calma nueva, una voz interna que vuelve a escucharse, aunque sea bajito.
No estoy completo.
Pero por primera vez en mucho tiempo,
soy mío.
Mío, aunque duela. Mío, aunque aún no sepa del todo qué hacer con esta libertad.
Fragmentos del Alma es un poemario sobre el amor, la pérdida y la búsqueda. Cada semana publicamos un poema de la colección.