A veces no se trata de elegir entre lo correcto y lo incorrecto. A veces la vida te pone frente a dos verdades, distintas, intensas, vivas, y te obliga a sentirlas al mismo tiempo.
Hay experiencias que llegan como luz suave. Te hacen sentir visto sin exigencias. Te envuelven en algo que no sabías que necesitabas: ternura, inocencia, una especie de paz… aunque por dentro cargues con la culpa de no haber llegado limpio.
A veces ese tipo de conexión no calma, sino que te enfrenta con lo que rompiste, con lo que fuiste cuando no sabías cómo cuidar lo que te cuidaba.
Y hay otras que llegan desde otro lugar. Desde lo que ya es historia, desde lo que estuvo contigo cuando todo tambaleaba. No son mágicas, son reales. Te sostienen cuando ni tú sabes cómo sostenerte. No te ofrecen salvación, te ofrecen presencia. Verdad. Hogar.
Uno que parece nuevo y frágil.
Y otro que ya conoces, que te construyó.
Ambos duelen.
Uno por lo que pudo ser y no fue.
El otro, por lo que fue y ya no es.
Nada de esto fue sencillo. No se trató de juegos, ni de caprichos. Fue la necesidad de entender, de no perder, de no fallar más.
Quise sostener lo imposible.
Quise no soltar nada… y terminé perdiéndolo todo.
Con el tiempo, uno entiende que no todas las pérdidas tienen forma de final. Algunas se disuelven lentamente, sin despedidas, dejando solo la huella de lo que se sintió.
No hay regreso. Tampoco hay un cierre claro. Solo queda lo que permanece dentro, eso que nadie más ve, pero que sigue ahí.
Y a veces, lo único que queda claro es la pregunta, la que sigue rondando incluso cuando todo lo demás se ha borrado:
¿Qué me dolió más dejar atrás…
la magia o el amor?
Fragmentos del Alma es un poemario sobre el amor, la pérdida y la búsqueda. Cada semana publicamos un poema de la colección.