Recuerdo el primer día que te vi: venía de la secundaria, y sobre la batea de la camioneta había un bulto de comida para perro. Pensé que era basura. Pero cuando llegué a casa, ahí estabas tú, un milagro disfrazado de perrita pequeña que solo quería dormir sobre mis piernas.
Nunca había tenido algo tan cercano, algo que me eligiera sin condiciones. Pero te fuiste ganando cada rincón de mi pecho, despacio, con paciencia infinita, hasta que crecimos juntos.
Despacio, con paciencia infinita, hasta acomodarte sobre mis piernas.Fuiste testigo de todo. De las noches en que el mundo dolía y solo tu presencia callada me recordaba que aún había razones para quedarme. Eras mi cómplice. Mi razón para volver a casa temprano, para no perderme tanto. Me centraste cuando más lo necesité.
solitaria pero incapaz de estar del todo sola,
independiente pero buscando siempre una presencia cercana.
Te sentabas en tu esquina
a contemplar el mundo pasar sin prisa, igual que yo.
Fuiste terca como yo, compañera de caminos largos y cansados. Recorrimos juntos kilómetros que dolían en los pies pero sanaban algo más adentro. Pasamos por momentos que no necesitaban palabras para ser eternos.
Kilómetros que dolían en los pies y sanaban algo más adentro.Hoy agradezco que hayas llegado. Que abrieras en mí algo que no sabía que existía: la capacidad de amar sin límites.
Mi princesa. Mi niña.
Mi amor. Mi muñeca.
Fuiste el ser que más amé.
Y aunque ya no estés, sigo sintiendo tu peso sobre mis piernas, tu mirada tranquila desde la esquina.
Un recuerdo que se reúne, un momento, y se queda contemplándote.Gracias por enseñarme
que el sacrificio más grande
es siempre el que se hace por amor.
Lo que un día llamé sacrificio,
hoy elijo honrar una vida.
Descansa, mi niña.
Fragmentos del Alma es un poemario sobre el amor, la pérdida y la búsqueda. Cada semana publicamos un poema de la colección.
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