Te esperé sin saber que esperaba...
Desde la inocencia, desde ese lugar en el que todavía no existen las preguntas difíciles y el amor no necesita explicaciones.
Una ausencia que podía sentir y que parecía guardar tu nombre.
Te quise desde antes de poder comprender.
Desde la distancia, desde las pocas certezas, desde todo aquello que ni siquiera podia tocar.
Te quise en la dicotomía de existir: en ese extraño lugar donde alguien puede estar y al mismo tiempo, hacer falta. Donde la presencia también puede sentirse a través de la ausencia, y el amor crece incluso entre silencios.
Te quise sin respuestas.
Sin saber que significaba tenerte, sin saber que significaba esperarte, sin entender por que algunas personas pueden ocupar un lugar tan profundo incluso cuando la distancia parece ocupar más espacio que ellas.
Y durante mucho tiempo cuestioné mis propios vacíos, mis silencios, esas partes de mí que aprendieron a quedarse calladas antes de saber él por qué ..acaso había algo en mí que no alcanzaba??
Hubo momentos en los que el dolor parecía tener una forma muy precisa: la de saber que estabas en algún lugar, pero no aquí; que existías, pero que tu existencia no siempre podía tocar la mía.
No una oscuridad hecha solamente de tristeza, sino de vacios. De espacios que nadie podía explicarme mientras esperaba en mis profundidades deseando que cruzaras el umbral de esa puerta..
Y asi transcurrió el tiempo, crecí y curiosamente también mi amor por ti..
Y aprendí a amarte de una manera distinta, casi a tu manera.
En los momentos que sí compartimos, en las palabras que quedaron, a reconocer tu voz en lo distante, a vivir en los recuerdos pequeños que con los años se vuelven más grandes.
No para cambiar lo que fue. No para inventar lo que no fue. Solo para reconocerlo.
Para agradecer que, de alguna manera, mi historia también tiene tu presencia.
Quizá no como alguna vez la imaginé. Quizá no de la forma que hubiera querido.
Y hay algo profundamente hermoso en poder decirlo sin necesidad de negar todo aquello que alguna vez dolió.
Agradecer tu existencia en mi vida. Agradecer aquello que me diste, incluso lo que quizá nunca supiste que estabas dando.
Hay presencias que no se miden por la cantidad de tiempo compartido. Se quedan en otros lugares: en una forma de mirar, en una manera de querer, en ciertos gestos que reconocemos sin saber de donde vienen, en recuerdos que regresan de pronto y nos habitan.
No como una ausencia. No en la distancia.
Sino como parte de mi historia.
Como alguien a quien quise antes de entender. Como alguien cuya existencia agradezco poder compartir, aunque no te entienda..
Y dentro de todo lo que fue, me quedó con lo que sí hubo, con ese amor que, de alguna manera, siempre encontró la forma de existir.
Quizá también hay una forma de agradecer aquello que no pudimos tener como lo imaginábamos.
Gracias por haber estado de las maneras en que pudiste.
Gracias por formar parte de mi vida.
Gracias por existir dentro de mi historia de una manera que, incluso con sus silencios, sigue teniendo un lugar.
Te esperé sin saber qué esperar..
Y quizá ahora entiendo que no estaba esperando que vinieras a completarme...
Estaba esperando conocerte.
Hoy estás aquí, quizas de una forma imperfecta, quizas incompleta y extraña a veces, pero nuestra.