Tierra y Alma

No tienes que
volver a ser quien eras

A veces la transformación no consiste en convertirnos en alguien diferente, sino en aprender a habitarnos de otra manera.

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A veces atravesamos momentos en los que lo único que queremos es volver. Volver a sentirnos como antes, recuperar la tranquilidad que teníamos, volver a disfrutar las cosas de la misma manera, reconocer a la persona que éramos antes de que algo cambiara dentro de nosotros. Esperamos que, cuando pase aquello que nos está transformando, podamos regresar a nuestra vida y ocupar nuevamente el lugar que dejamos atrás, como si todo pudiera acomodarse exactamente donde estaba.

Pero hay cambios después de los cuales regresar ya no es posible. Y quizá eso no sea algo que tengamos que lamentar.

Nos cuesta aceptar que algunas experiencias no llegan para devolvernos a quienes éramos, sino para mostrarnos que ya estamos en otro lugar. A veces insistimos tanto en recuperar una versión anterior de nosotros mismos que no alcanzamos a mirar a la persona que está apareciendo ahora. Comparamos constantemente lo que somos con lo que fuimos y, sin darnos cuenta, convertimos nuestro pasado en una medida con la que juzgamos nuestro presente.

Quizá por eso algunas transformaciones pueden sentirse como una pérdida. No porque necesariamente estemos perdiendo algo que necesitábamos conservar, sino porque todavía no sabemos reconocer lo que estamos ganando. Lo conocido tiene una forma particular de darnos seguridad, incluso cuando aquello que conocíamos ya no nos hacía bien.

No todo lo que dejas atrás desaparece de ti. Algunas cosas simplemente cambian la forma en que te acompañan.

En el yoga existe una idea que puede ayudarnos a mirar este proceso desde otro lugar: la unión. No se trata solamente de unir el cuerpo con la mente, sino de dejar de vivir en oposición con aquello que somos. Integrar nuestras experiencias, nuestras contradicciones, nuestras etapas y también aquellas partes de nosotros que preferiríamos no mirar demasiado.

No necesitamos borrar a la persona que fuimos para convertirnos en alguien diferente. Esa persona también forma parte de nosotros. Lo que hemos vivido, lo que hemos aprendido, aquello que nos dolió y aquello que nos hizo crecer continúa formando parte de la manera en que habitamos el presente.

Transformarse

No es desaparecer.
Es abrirse.

Como un loto que no intenta regresar a la semilla. Simplemente encuentra, poco a poco, la manera de abrir aquello que ya llevaba dentro.

Quizá transformarnos no significa empezar desde cero. Significa llevar con nosotros lo aprendido, incluso aquello que llegó acompañado de dolor; reconocer lo que cambió nuestras prioridades, nuestras formas de relacionarnos, nuestra manera de mirar el mundo. Algunas cosas dejan de tener lugar en nuestra vida y otras aparecen sin que las hubiéramos imaginado.

Hay relaciones que cambian, sueños que dejamos atrás, formas de vivir que ya no nos representan. Y aunque al principio pueda parecer que estamos perdiendo partes de nuestra identidad, con el tiempo podemos descubrir que algunas simplemente estaban cumpliendo su ciclo.

Nada permanece exactamente igual. Las estaciones cambian, las hojas aparecen y caen, el cuerpo cambia con los años, la respiración nunca es exactamente la misma de un instante a otro. Incluso aquello que parece quieto está participando de algún proceso que no siempre alcanzamos a percibir. Nosotros también somos parte de ese movimiento.

Estar en equilibrio no significa permanecer inmóviles.

Significa poder acompañar el movimiento sin perder completamente nuestra conexión con nosotros mismos.

A veces queremos que la transformación sea clara, que tenga un principio y un final, que podamos señalar el momento exacto en que dejamos de ser quienes éramos y comenzamos a ser alguien nuevo. Pero la mayoría de los cambios importantes no suceden de esa manera. Se van construyendo lentamente, en pequeñas decisiones, en conversaciones, en silencios, en cosas que dejamos de tolerar y en aquello que empezamos a elegir de otra manera.

Un día miramos hacia atrás y descubrimos que ya no estamos exactamente en el mismo lugar.

Y quizá tampoco necesitamos saber en qué nos estamos convirtiendo. Tal vez podemos permitirnos vivir un poco más cerca de la pregunta que de la respuesta. Observarnos sin exigirnos una definición. Reconocer que hoy podemos necesitar algo diferente de lo que necesitábamos hace algunos años y que eso no significa que antes estuviéramos equivocados.

Significa que estamos vivos; que seguimos aprendiendo, cambiando y encontrando nuevas formas de estar en el mundo.

No tienes que saber todavía quién estás llegando a ser. Puedes simplemente acompañarte mientras lo descubres.

Tal vez la transformación no consiste en dejar atrás todo lo que fuimos. Quizá consiste en aprender qué de aquello merece acompañarnos y qué ya puede quedarse en el camino.

Puedes honrar a la persona que fuiste. Agradecerle lo que hizo con las herramientas que tenía, incluso cuando se equivocó. Puedes reconocer sus decisiones sin tener que repetirlas. Puedes mirar aquella versión de ti con cariño sin convertirla en el lugar al que tienes que regresar.

Y quizá eso también sea yoga: no escapar de lo que somos para convertirnos en alguien distinto, sino volver a unir las partes que hemos ido separando y aprender a habitarnos con un poco más de verdad.

No tienes que volver a ser quien eras.

Puedes permitirte cambiar sin sentir que estás traicionando tu historia. Puedes avanzar sin tener todavía claro hacia dónde. Puedes estar en medio del proceso sin exigirle a tu vida que te entregue inmediatamente una respuesta.

Quizá no necesitabas regresar.

Quizá la vida no te estaba pidiendo volver a ser quien eras. Quizá te estaba enseñando, poco a poco, a habitarte de otra manera.

Date un instante para estar contigo. Sin compararte con quien fuiste. Sin exigirte saber quién serás mañana.

Solo quédate aquí un momento. Reconoce a la persona que eres hoy y todo lo que ha tenido que atravesar para llegar hasta aquí.

Y permite que lo que tenga que abrirse, se abra a su propio tiempo.

Con cariño, Paulina