Tierra y Alma
Yoga · Conciencia · Conexión

El cuerpo sabe
antes que tú

Una reflexión sobre volver a escucharnos y reconocer la unión que existe dentro de nosotros.

Antes de comprender, sentimos.

Quizá una de las cosas más bonitas que nos enseña el yoga es que no estamos hechos de partes separadas. Tenemos un cuerpo, una mente, emociones, pensamientos, recuerdos y experiencias, pero todo eso sucede dentro de una misma vida, dentro de una misma persona. Y, sin embargo, muchas veces vivimos como si estuviéramos divididos: pensamos una cosa mientras sentimos otra, decimos que estamos bien mientras algo dentro de nosotros se siente cansado, continuamos con nuestro día mientras el cuerpo lleva tiempo intentando llamar nuestra atención. Tal vez por eso la palabra yoga, entendida como unión, tiene un sentido mucho más profundo que la práctica física. Se trata también de volver a reconocernos como un todo.

Cuando comenzamos a acercarnos a nosotros mismos desde ese lugar, podemos descubrir algo muy sencillo: el cuerpo muchas veces sabe antes que nosotros. Antes de que la mente encuentre una explicación, el cuerpo ya respondió. Hay situaciones en las que nuestra respiración cambia sin que nos demos cuenta, lugares donde aparece una tensión, personas ante las que nos sentimos tranquilos o, por el contrario, ligeramente incómodos. A veces algo dentro de nosotros se expande y otras veces se contrae, aunque todavía no sepamos explicar qué está sucediendo. El cuerpo no siempre tiene una respuesta para darnos, pero sí tiene una manera de mostrarnos cómo estamos viviendo aquello que nos ocurre.

Y quizá hemos perdido un poco la costumbre de escucharlo. Vivimos intentando entender todo rápidamente: qué sentimos, por qué lo sentimos, qué deberíamos hacer con ello, si tenemos razón o si estamos exagerando. Queremos encontrar una explicación antes de permitirnos simplemente experimentar lo que está sucediendo. Pero tal vez hay otra posibilidad: quedarnos un momento con la sensación, sin convertirla inmediatamente en una historia. Reconocer que algo está presente sin tener que decidir todavía qué significa. Sentir antes de explicar.

Sentir antes de explicar.

Eso también puede ser una forma de unión. No se trata de elegir entre escuchar a la mente o escuchar al cuerpo, sino de permitir que ambas partes de nosotros vuelvan a conversar. La mente puede ayudarnos a comprender, a poner palabras y a tomar decisiones; el cuerpo puede mostrarnos matices que quizá todavía no alcanzamos a reconocer con claridad. Y cuando dejamos de hacer que una parte tenga que imponerse sobre la otra, quizá comenzamos a experimentar una relación más amable con nosotros mismos.

Escuchar al cuerpo tampoco significa creer que cada sensación es una verdad absoluta. Nuestro cuerpo puede reaccionar al cansancio, al miedo, a un recuerdo, a algo que ocurrió hace mucho tiempo o incluso a algo que nuestra mente está anticipando y que todavía no sucede. Por eso escuchar no significa obedecer ciegamente. Significa prestar atención. Darle un lugar a aquello que sentimos y permitirnos observarlo con suficiente calma como para distinguir entre una sensación, una emoción, un pensamiento y la historia que construimos alrededor de ellos.

Quizá eso sea parte de lo que el yoga nos invita a recuperar: esa capacidad de estar en contacto con nosotros mismos sin tener que alejarnos de ninguna parte. Volver al cuerpo cuando la mente va demasiado rápido, reconocer lo que pensamos sin olvidar lo que sentimos y permitir que nuestra experiencia tenga espacio para mostrarse antes de intentar cambiarla. No necesariamente para encontrar respuestas, sino para dejar de vivir tan desconectados de las preguntas que ya existen dentro de nosotros.

A veces pensamos que conectar con nosotros mismos significa descubrir algo extraordinario, tener una revelación o encontrar finalmente quiénes somos. Y quizá sea mucho más sencillo. Quizá conectar sea aprender a estar presentes cuando algo nos pasa, reconocer cuándo estamos cansados, cuándo algo nos alegra, cuándo necesitamos distancia, cuándo algo nos duele o cuándo simplemente necesitamos un poco de silencio. Tal vez no siempre necesitamos descubrir algo nuevo sobre nosotros; a veces necesitamos volver a escuchar aquello que llevamos mucho tiempo sintiendo.

Así que quizá hoy podamos quedarnos con eso: con la posibilidad de escuchar un poco más despacio. Sin exigirnos una respuesta, sin tratar de corregirnos y sin pensar que tenemos que llegar a algún lugar distinto de donde estamos. Simplemente permitirnos volver a nosotros, reconocer que seguimos aquí y dar espacio a esa conversación silenciosa entre el cuerpo, la mente y todo aquello que somos.

Porque quizá el cuerpo no tenga todas las respuestas, pero muchas veces percibe antes de que la mente comprenda. Y cuando aprendemos a escucharlo con atención y sin juicio, quizá no descubrimos algo que estaba escondido. Quizá simplemente volvemos a encontrarnos con una parte de nosotros que nunca se había ido.

Date un instante para estar contigo. Para escucharte sin prisa, para sentirte sin exigirte y para recordar que también en ese espacio, en el simple hecho de estar presente contigo, existe una forma de unión.

Con cariño,
Paulina