Tierra y Alma Presencia · Intención · Refugio
Una conversación sobre el yoga

La forma
y lo que
la desborda

Sobre lo que sucede en el tapete, lo que llevamos con nosotros y todo eso que no siempre sabemos poner en palabras.

Sin prisa. Sin tener que llegar a ningún lugar.
Observar · Sentir · Estar
Un momento en el tapete

La forma y lo que la desborda

A veces una llega al tapete con una idea bastante clara de cómo quiere que salgan las cosas.

Y luego está el cuerpo, que no siempre recibió el mensaje.

Hay días en los que una postura sale con cierta facilidad y otros en los que parece que nunca la hubiéramos hecho. No sé tú, pero a mí me parece curioso todo lo que puede pasar en esos pocos minutos: la impaciencia, las ganas de que salga bien, esa pequeña comparación con quien está al lado… Incluso podemos terminar enfadándonos con nosotros mismos por algo que, visto desde fuera, parece tan insignificante.

Y no pasa nada. No hace falta convertir cada momento de la práctica en un descubrimiento extraordinario.

A veces basta con estar ahí, con el cuerpo que tenemos hoy y con todo lo que traemos encima. Sin tener que demostrar nada.

También pasa que empezamos a conocer una postura y, casi sin darnos cuenta, empezamos a exigirle algo. Que salga más profunda, que dure más, que se vea como aquella que vimos en una fotografía. La práctica, que hace un momento era una experiencia, se convierte en una especie de examen que nadie nos pidió presentar.

Lo curioso es que podemos darnos cuenta de todo esto y aun así volver a hacerlo al día siguiente. Porque entender algo no significa que dejemos de sentirlo. Seguimos queriendo que las cosas salgan bien. Seguimos comparándonos, teniendo prisa, deseando llegar un poquito más lejos.

Y quizá eso también tenga un lugar aquí. No como algo que debemos corregir antes de seguir practicando, sino como parte de lo que somos mientras practicamos.

“
No tenemos que convertirnos en alguien distinto para poder estar donde estamos.

Y después nos levantamos del tapete.

La clase termina. Guardamos nuestras cosas, nos ponemos los zapatos y volvemos a lo que nos espera. A veces salimos con una sensación agradable de calma; otras, la cabeza ya está ocupada con lo siguiente que tenemos que resolver.

Me gusta pensar que el yoga no necesita acompañarnos como una voz que nos recuerda constantemente lo que deberíamos hacer. Bastante tenemos ya con todas las voces que nos siguen de un lugar a otro.

Tal vez su presencia sea mucho más discreta. Aparece cuando nos descubrimos apretando la mandíbula mientras contestamos un mensaje. Cuando estamos tan ocupados preparando una respuesta que dejamos de escuchar a la persona que tenemos enfrente. O cuando llevamos un rato intentando resolver algo y, por fin, reconocemos que estamos cansados.

No siempre hacemos algo distinto después de notarlo. A veces seguimos con el día, porque hay cosas que atender y responsabilidades que no desaparecen por respirar un poco más despacio. Pero, por un instante, dejamos de pasar por nosotros mismos sin mirarnos.

Y eso ya es algo. No hace falta ponerle un nombre más grande.

Hay días en los que simplemente no estamos.

Y creo que también vale la pena hablar de eso.

De las prácticas en las que cuesta concentrarse, de las posturas que se sienten incómodas, de las veces en que la respiración no consigue llevarnos a ningún lugar especial. De esos días en los que terminamos la clase y seguimos sintiendo el peso de lo que nos preocupaba antes de llegar.

A veces parece que, si practicamos con suficiente constancia, deberíamos encontrar siempre algo parecido a la paz. Como si el tapete tuviera que devolvernos una versión más serena de nosotros mismos cada vez que nos levantamos.

Pero no somos una tarea pendiente. No tenemos que salir de cada práctica con algo resuelto, ni encontrarle sentido a todo lo que sentimos.

Hay días en los que la práctica será intensa y otros en los que apenas podremos sostener la atención. Días en los que nos sentiremos cerca de nosotros mismos y otros en los que habrá mucho ruido por dentro.

Podemos seguir siendo nosotros en todos ellos.

Tierra y Alma

Quizá no se trate de llegar a una forma perfecta.

Quizá se trate de tener un lugar donde podamos encontrarnos sin tener que aparentar que todo está en orden. Donde el cuerpo no sea una imagen que corregir y donde cada práctica no tenga que demostrar que estamos avanzando.

Un espacio para estar como estamos. Con lo que hoy podemos hacer, con lo que todavía nos cuesta y con todo aquello que no necesita resolverse en este momento.

Al final, la postura dura un tiempo. La vida sigue su curso. Y nosotros vamos encontrando, a nuestra manera, cómo estar en medio de todo eso.

Con cariño, Paulina