Reflexiones para empezar
Durante años, el yoga ha sido mostrado como algo reservado para personas con cuerpos extremadamente flexibles, ropa perfecta y una calma que parece imposible de alcanzar en la vida cotidiana.
Esa imagen ha creado una distancia.
Muchas personas observan una clase de yoga y piensan:
"Yo no podría hacer eso."
Pero quizás la pregunta no debería ser si tu cuerpo puede hacer yoga.
La verdadera pregunta es:
¿Qué parte de ti necesita ser escuchada?
Uno de los mayores malentendidos sobre el yoga es creer que primero debemos cambiar para poder practicarlo.
Pensamos:
"Cuando sea más flexible empezaré."
"Cuando tenga mejor condición física lo intentaré."
"Cuando tenga más tiempo encontraré un espacio para mí."
Y sin darnos cuenta, convertimos el autocuidado en algo que siempre dejamos para después.
El yoga no comienza con una postura perfecta.
Comienza con algo mucho más sencillo:
estar presente.
Vivimos rodeados de mensajes que nos enseñan a corregirnos constantemente: cambiar nuestra apariencia, superar límites, exigirnos más.
El yoga propone una relación diferente.
No se trata de obligar al cuerpo a hacer algo. Se trata de aprender a escucharlo.
Un movimiento consciente puede decirnos mucho sobre nosotros mismos:
Dónde acumulamos tensión.
Dónde retenemos emociones.
Dónde necesitamos soltar.
Esta frase aparece con frecuencia. Pero pocas personas nacen siendo "personas de yoga".
No existe un tipo específico de cuerpo, personalidad o estilo de vida que determine quién puede practicar.
El yoga no pertenece a quienes ya encontraron equilibrio. Muchas veces llega precisamente a quienes están buscando encontrarlo.
Las posturas son solo una parte visible de una práctica mucho más amplia.
El yoga también vive en una respiración más tranquila después de un día difícil. En aprender a detenerse antes de reaccionar. En regalarse unos minutos sin exigencias.
En crear un espacio interno donde la mente puede descansar.
Esperar a estar preparados puede convertirse en una forma de alejarnos de aquello que necesitamos.
Tal vez no necesitas ser más flexible.
Tal vez no necesitas saber meditar.
Tal vez no necesitas cambiar nada antes de comenzar.
Tal vez solo necesitas permitirte explorar.
Un espacio para habitar tu cuerpo con más amabilidad y presencia.
Si alguna vez pensaste que el yoga no era para ti, quizá no era falta de capacidad.
Quizá simplemente nadie te había mostrado que el yoga también puede ser suave, humano y real.
Con cariño,
Paulina